
La conmoción sigue siendo la palabra más repetida al recordar la trágica muerte de la princesa Diana de Gales, ocurrida en un accidente automovilístico en París el 31 de agosto de 1997. Hoy se cumplen 28 años de aquel episodio que sacudió al mundo y que cambió para siempre la relación de la familia real británica con la sociedad.

Diana Spencer, la joven maestra de jardín de infancia que pasó de ser una tímida adolescente a convertirse en uno de los rostros más reconocidos del planeta, falleció a los 36 años. Para millones, resultaba inconcebible que la mujer que rompió barreras al visitar pacientes con sida, abrazar a marginados y luchar contra las minas antipersona, pudiera perder la vida de forma tan abrupta.
El dolor popular que obligó a cambiar a la monarquía

Tras su muerte, una ola de dolor popular cubrió Londres. Miles de personas se acercaron al Palacio de Kensington para dejar flores, cartas y mensajes, en un tributo espontáneo que desbordó a la realeza.
Ese duelo colectivo obligó a la Casa de Windsor a reconocer la conexión de Diana con el pueblo y a adoptar un estilo más cercano. Desde entonces, los príncipes Guillermo y Enrique, sus hijos, han asumido esa herencia en actos públicos con un trato más informal y humano.
De tímida aristócrata a ícono mundial
Nacida en la familia Spencer, Diana cobró notoriedad en 1981 al casarse con el entonces príncipe Carlos. Con un vestido de novia de más de siete metros de cola, su boda en la Catedral de San Pablo fue vista por más de 750 millones de personas en todo el mundo.

Pero lo que la distinguió no fue solo el glamour. Diana aprendió a usar los medios como plataforma para visibilizar causas sociales. En 1987, al inaugurar una sala para pacientes con sida en Londres, rompió tabúes al estrechar la mano de un joven infectado, gesto que ayudó a combatir el miedo y el estigma de la enfermedad.
Una década después, en 1997, caminó por un campo de minas en Angola con chaleco antibalas y visor protector, en una acción que dio la vuelta al mundo y atrajo la atención hacia la campaña para prohibir estos explosivos. Hoy, 164 países han firmado el tratado internacional que los prohíbe.
El precio de la exposición mediática

Sin embargo, esa popularidad tuvo un costo. Su matrimonio con Carlos se deterioró, marcado por infidelidades y tensiones públicas. Diana habló abiertamente de sus problemas de bulimia y de episodios de desesperación. La presión mediática se convirtió en una constante, con fotógrafos persiguiéndola día y noche.
Fue precisamente esa persecución lo que desembocó en el trágico accidente en el túnel del Alma, en París, cuando el automóvil en el que viajaba intentaba escapar de los paparazzi.
Una memoria que no se apaga
Hoy, 28 años después, Diana sigue presente en la memoria colectiva. Para muchos, encarna la modernización de la monarquía británica y la humanización de una institución que, hasta antes de ella, mantenía un rígido protocolo de distancia.
Su legado continúa vivo en las causas que defendió y en la manera en que sus hijos han mantenido ese espíritu cercano al pueblo.
Lady Di, la “princesa del pueblo”, se convirtió en un símbolo que trasciende generaciones y cuyo recuerdo sigue inspirando empatía, compromiso social y humanidad.
