
En cuestión de segundos, el dispositivo se sumerge al agua, prende dos luces y comienza a recorrer el casco (parte inferior) de un enorme barco de carga, un lugar donde el ojo humano no llega con facilidad.
Un pequeño robot desciende lentamente al agua atado a una cuerda amarilla. Un oficial de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, en inglés) se encarga de bajarlo mientras otro lo agarra desde la cintura para evitar que caída al muelle. Y un tercer agente sostiene un control remoto.






