
Los residentes hacen un llamado a las autoridades para que se implementen medidas preventivas y correctivas que eviten que escenas como estas se repitan
Residentes de diversos sectores del Gran Santo Domingo vivieron momentos de angustia debido a las lluvias intensas que azotaron la capital sin tregua, provocando serias afectaciones en comunidades vulnerables y dejando a su paso un panorama de daños e incertidumbre.
En muchos casos, el agua arrastró sin piedad los ajuares de las viviendas, sorprendiendo a sus ocupantes, quienes apenas tuvieron tiempo de resguardar algunos objetos de valor. Tal fue la situación en el Ensanche Quisqueya, en el Distrito Nacional, una de las zonas más impactadas por las precipitaciones.
Allí, las calles y callejones se transformaron en ríos improvisados, dificultando el tránsito y dejando decenas de casas inundadas. Uno de los afectados es Carlos González, quien tiene apenas seis meses residiendo en una vivienda ubicada en la calle Bohechío.
Con cubeta en mano y su intento de sacar toda el agua acumulada dentro de su hogar, relataba con impotencia ver cómo sus pertenencias eran alcanzadas por el agua sin poder hacer mucho para evitarlo.
En el lugar, algunos comercios también resultaron afectados, reportando daños considerables en sus mercancías. Propietarios y empleados se esforzaban por rescatar lo poco que no había sido alcanzado por las corrientes, en medio de la desesperación de perder su fuente de sustento.
Nazari García, quien ha vivido toda su vida en la zona, cuestionó la falta de una respuesta efectiva por parte de las autoridades municipales, señalando que esta problemática se repite cada vez que se registran lluvias de gran intensidad. Se sintió impotente de ver como sus vecinos, quien los definió como personas de trabajo perdieron lo que con mucho sacrificio obtuvieron para trabajar dignamente.
Las precipitaciones también provocaron inundaciones significativas en importantes vías, como las intersecciones de las calles Máximo Henríquez Ureña con Lorenzo Despradel, en el sector Los Prados.
En El Millón y la avenida Núñez de Cáceres, varias esquinas también quedaron cubiertas por el agua, lo que generó un colapso en el tránsito vehicular y obligó a conductores a buscar rutas alternas.
El panorama fue similar en el Expreso V Centenario, especialmente en los tramos comprendidos entre Villa Juana y Villa Consuelo, así como en sectores como Villas Agrícolas y el Ensanche La Fe, donde los peatones apenas podían desplazarse por las aceras debido al nivel del agua acumulada.
En Santo Domingo Norte, específicamente en el barrio Los Coordinadores de Sabana Perdida, la crecida del río Ozama agravó aún más la situación. Las aguas comenzaron a penetrar en las viviendas cercanas, obligando a muchas familias a reubicar sus pertenencias en casas de vecinos o familiares, ante el temor de perderlo todo.
Esta realidad evidencia la vulnerabilidad de quienes residen en zonas próximas a afluentes, así como la necesidad urgente de soluciones estructurales que mitiguen el impacto de estos fenómenos naturales. Según Carmen Silverio, esta cansada de ver como la lluvia convierte su sector en “Tierra de nadie”.
Daños vehiculares
Las intensas lluvias registradas en las últimas horas en el Gran Santo Domingo no solo afectaron viviendas y comercios, sino que también provocaron daños significativos en decenas de vehículos, muchos de los cuales quedaron varados en medio de calles completamente inundadas.
En la avenida Núñez de Cáceres y la intersección de Máximo Henríquez Ureña con Lorenzo Despradel, varios vehículos permanecieron detenidos por largos periodos, generando un caos en el tránsito. Conductores intentaban empujar sus automóviles fuera de las zonas más afectadas, mientras grúas eran solicitadas para retirar los que quedaron completamente inoperantes.
Otros afectados aprovecharon las redes sociales para alertar a otros choferes sobre la situación para no transitar por las vías colapsadas.
La basura no quedo atrás
En algunos sectores recorridos se constató como los residuos sólidos fueron arrastrados por las corrientes de agua, terminando acumulados en esquinas, contenes y sistemas de drenaje pluvial.
Esta situación provocó el taponamiento de imbornales, lo que a su vez contribuyó a que las inundaciones fueran más severas y persistentes en varias comunidades sin dejar de lado el mal olor y foco insalubre en las zonas.






