
Lo que debió ser un viaje normal se convirtió en una experiencia agotadora para los pasajeros del vuelo 636 de JetBlue.
El vuelo estaba programado para salir del Aeropuerto Internacional del Cibao a las 6:38 de la tarde del miércoles 5 de agosto con destino al aeropuerto JFK de Nueva York. Sin embargo, la aerolínea anunció un retraso y el avión finalmente despegó alrededor de las 9:30 de la noche, sin que los pasajeros recibieran explicaciones claras sobre las causas de la demora.
Al llegar al aeropuerto JFK, los inconvenientes continuaron. La aeronave no pudo ser estacionada de inmediato porque, según informó la tripulación, JetBlue no disponía de una puerta de desembarque. Esta situación obligó a los pasajeros a permanecer dentro del avión durante varias horas, hasta que finalmente pudieron desembarcar y salir del aeropuerto alrededor de las 4:00 de la madrugada.
La prolongada espera, primero en Santiago y luego en Nueva York, provocó indignación entre los pasajeros, quienes denunciaron la falta de información oportuna y de una atención adecuada durante todo el proceso.
Más allá del retraso del vuelo, la principal crítica recae en la falta de planificación y comunicación por parte de la aerolínea. Los pasajeros consideran que una empresa de la trayectoria de JetBlue debe garantizar una mejor coordinación operativa y un trato más respetuoso hacia quienes confían en sus servicios.






