
"A veces me pongo a llorar. A veces uno come, a veces no", cuenta Lidia Ochoa en San Lorenzo, en el sur de Honduras.
El árido Corredor Seco Centroamericano sufre los estragos de la peor sequía que la población recuerda debido al fenómeno El Niño: la comida escasea y los campesinos se apresuran a vender el ganado antes de que muera.






