
Los rumores habían encendido la esperanza de salvar aún a alguien más y alimentaron el esfuerzo de los rescatistas que trabajan sin descanso en el estado La Guaira, la zona cero de los sismos.
La historia de un niño que estaría atrapado vivo bajo los escombros de un edificio en Venezuela puso al límite los nervios de las víctimas, más de una semana después de los dos terremotos que causaron más de 2.600 muertos y destrucción generalizada.






