
SANTO DOMINGO. – El Partido Revolucionario Moderno (PRM) acaba de dar el primer paso más importante de cara a 2028, y lo hizo sin ruido. Sin traumas y sobre la base del consenso renovó su cúpula. En política, el que resuelve su casa antes de que llegue la campaña, ya tiene la mitad del pleito ganado.
La foto oficial dice mucho y proyecta una imagen de renovación con un Luis Abinader, como presidente, Deligne Ascención, vicepresidente ejecutivo, Juan Garrigó, secretario general y Gloria Reyes, en Organización.
Pero al margen de los cargos, hay dos mensajes claros. Primero el PRM puede ponerse de acuerdo. Segundo: le está apostando a la juventud pues de los cuatro, solo Deligne pasa de 60 años con 63. Abinader tiene 59. Gloria Reyes 40. Y Garrigó, el benjamín, apenas 32.
En contraste si se mira a la oposición verá otra película. Allí el relevo no llega, ni lo dejan llegar. En la Fuerza del Pueblo, Leonel Fernández quien cumple 73 años en diciembre, sigue siendo líder y candidato. En el PLD, Danilo Medina llegará a 75 en noviembre, no puede reelegirse por mandato constitucional, pero todos saben que será él quien señale al candidato y ya eso avizora un enfrentamiento interno.
El punto es que mientras en los otros partidos hay quienes se aferran a las posiciones en el PRM van soltado. Y dicen que soltar a tiempo es un acto de poder, además de confianza en la juventud.
Y es que en el PRM como en los demás partidos hay una cantera de jóvenes esperando su turno y activando para entrar en acción.
Comienzo por uno de los más mayorcito, Guido Gómez Mazara, David Collado, José Ignacio Paliza, Wellington Arnaud, Yayo Sanz Lovaton, Jean Luis Rodríguez, Roberto Ángel (Robertico) Salcedo, Sigmund Freund y muchos otros.
A esos jóvenes, uno como ellos, llegó a la presidencia de la República y de inmediato les dio posiciones convirtiendo su gestión en un gobierno joven. Pero también consiguió que alcaldes y legisladores jóvenes representen al PRM.
Por eso, en este momento cobra sentido la decisión temprana del presidente Abinader de no buscar la repostulación, ponerle un candado constitucional a la segunda reelección, incluyéndose él, y abrirles paso a los jóvenes, para que se viera que no era solo un discurso. ¿Qué presidente en ejercicio, que no sea un demócrata a carta cabal, hace eso en un país presidencialista y reeleccionista, como lo es República Dominicana?
Se debe resaltar que para que eso ocurra se necesitó también la anuencia del otro gran líder del PRM, el expresidente Hipólito Mejía, y ahí la clave del consenso.
Al designar a Juan Garrigó en la Secretaría General, hijo de Carolina Mejía, esa posición queda bajo la influencia del sector de Hipólito. Todos ganan. Nadie pierde.
Con el mismo movimiento se resolvieron las demás piezas. Abinader sustituye a José Ignacio Paliza en la presidencia del partido; Deligne deja la secretaría de Organización y pasa a la Vicepresidencia Ejecutiva, desde donde manejará el partido mientras el presidente esté en funciones de gobierno. Y entra Gloria Reyes al rol de Organización.
Con la cúpula resuelta, los perremeístas postergaron los posibles problemas dos años más adelante. Posponer la escogencia del resto de las estructuras fue inteligente. Se evita que el partido se desarme antes de tiempo, para lo que ya estaban “cuadrados” algunos cabezas calientes, presto siempre a hacerle el juego a la oposición que hasta se molestó porque los perremeistas resolvieron, como lo han hecho.
Se espera que este equipo le meta energía, modernidad y capacidad de trabajo a la maquinaria, porque retener el poder en 2028 no será regalado.
Aunque Abinader delegará la presidencia del partido en Deligne, esto no significa que se va a quedar mirando. Quienes lo conocemos sabemos muy bien que pondrá su sello en cada resultado. Y eso le va a exigir a la nueva dirección.
Al final, el PRM manda un mensaje: no estamos dispuestos a quedarnos en la zaga mientras la oposición se organiza.
La jugada salió bien. Pero la parte difícil viene ahora: escoger candidatos municipales, después congresuales y finalmente el presidencial. Ahí es donde de verdad se prueban los consensos.
Por ahora, el PRM le ganó una batalla al tiempo. Y en política, ganarle al tiempo es ganarles a todos.






