
La crisis del carburante, relacionada con los ataques de Kiev contra las refinerías rusas, continúa y, según las estimaciones, ya afecta al 95 % del país. Moscú ha establecido medidas para aliviar las tensiones en el abastecimiento.
Ya no es posible ignorar la crisis. En primer lugar, porque incluso en Moscú, el corazón del poder, ya es visible a simple vista. El viernes por la noche, por ejemplo, en la carretera que va del Moscú-Sheremétievo -uno de los aeropuertos más importantes de la capital rusa- al centro de la ciudad, todas las estaciones de servicio, sin excepción, estaban abarrotadas de vehículos, unos diez en cada una.
La situación es mucho más impactante en ciertas regiones, empezando por el sur de Rusia, más cercano a la guerra en Ucrania, y especialmente en la región de Krasnodar: esta región agrícola, que ya se encuentra en época de cosecha y, por lo tanto, de aumento estacional en la demanda de combustibles, debe además hacer frente a la avalancha de habitantes de Crimea que salen de la península para abastecerse allí.
Pero también están las regiones de Siberia, a miles de kilómetros de la línea del frente. En Sajá, el lunes se introdujeron medidas de racionamiento: 30 litros de gasolina y 200 litros de diésel. Además, ahora está prohibido llenar bidones además de los tanques de los vehículos.
Moscú reconoce que los ataques ucranianos contra las refinerías rusas están provocando una escasez de combustible
Esta medida, según el gobernador, tiene como objetivo “evitar una crisis grave”. Igor Kobzev también pidió a las empresas que, en la medida de lo posible, permitan a sus empleados trabajar desde casa para evitar que tengan que usar sus autos.
La región también ha instalado baños portátiles a lo largo de las filas de espera para que los conductores que deben esperar largas horas puedan hacer sus necesidades. Además, este lunes se iniciaron patrullas policiales que ya han dado lugar a detenciones de especuladores: cuatro personas fueron imputadas en las horas siguientes por reventa ilegal de gasolina. La escasez de combustible repercute en toda la cadena económica. Los primeros afectados son los transportistas: los taxistas trabajan menos y aumentan sus tarifas.






