
El arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis Santo Domingo, Carlos Tomás Morel Diplán, identificó varias actitudes de la sociedad dominicana en perjuicio del medio ambiente.
Preocupación espiritual ante la vulnerabilidad sísmica del país
El arzobispo de Santo Domingo, monseñor Francisco Ozoria, expresó su profunda inquietud por la posibilidad de que un evento sísmico de magnitud considerable afecte el territorio nacional. Esta declaración surge en un contexto donde la comunidad religiosa ha reiterado la necesidad de la oración colectiva como mecanismo de protección espiritual ante las amenazas naturales que acechan a la población dominicana.
La figura eclesiástica enfatizó que la capital del país presenta una alta densidad poblacional y una infraestructura que, en muchos sectores, no cumple con los estándares de resistencia sísmica más estrictos. Por ello, advirtió que cualquier movimiento telúrico significativo podría generar consecuencias devastadoras, especialmente en zonas residenciales antiguas donde la construcción no ha sido actualizada según las normativas técnicas vigentes.
Esta postura se alinea con las preocupaciones históricas de la Iglesia Católica dominicana, que ha mantenido un diálogo constante con las autoridades civiles sobre la preparación ante desastres. Monseñor Ozoria instó a los fieles a fortalecer su fe y solidaridad comunitaria, recordando que la prevención no es solo una responsabilidad técnica, sino también un deber moral de cuidado hacia el prójimo y la preservación de la vida.
El pronunciamiento llega en un momento de heightened awareness sobre la actividad geológica en la región del Caribe, donde los estudios geológicos han señalado la existencia de fallas activas cerca de la costa sur y el valle central. La jerarquía eclesiástica busca así sensibilizar a la opinión pública sobre la fragilidad del entorno urbano frente a fenómenos naturales que escapan al control humano directo.
Respuesta institucional y medidas de prevención en la República Dominicana
Las autoridades del Instituto Nacional de Meteorología (INDOMET) y el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) han reiterado que el país se encuentra en una zona de alta actividad sísmica, con registros históricos de eventos significativos. Estos organismos técnicos mantienen un monitoreo constante de las fallas geológicas, aunque no pueden predecir con exactitud la ocurrencia de un sismo, sí alertan sobre la necesidad de mantener planes de respuesta actualizados y efectivos.
En respuesta a las advertencias de vulnerabilidad, el gobierno ha impulsado campañas de educación ciudadana sobre las acciones correctas durante y después de un temblor. Estas iniciativas buscan reducir el pánico y fomentar la evacuación ordenada, reconociendo que la infraestructura de la capital presenta desafíos estructurales que requieren intervenciones urgentes para garantizar la seguridad de los habitantes en caso de una emergencia real.
Proyecciones y próximos pasos en la gestión del riesgo
Se espera que las autoridades competentes realicen nuevas evaluaciones de riesgo en los edificios públicos y residenciales de la capital, priorizando aquellos con mayor antigüedad y uso intensivo. La coordinación entre el sector religioso, las instituciones civiles y los organismos de protección civil será clave para implementar estrategias de mitigación que integren la preparación técnica con la cohesión social necesaria para enfrentar posibles crisis futuras.






